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Vino de Oporto
por Loizaga | 26 Enero 2007
Esta semana seguimos el curso del Duero catando a nuestro paso buenos caldos de las denominaciones de Ribera del Duero, Rueda, Toro y Fermoselle. Tras rebasar la frontera llegamos hasta nuestro destino de hoy y descorchamos lo que puede considerarse como una de las joyas de la viticultura: El Oporto.
Oporto y los viñedos del “Valle del Douro” centran esta vez toda nuestra atención por su importancia en materia de vinos.
La región es conocida ya por sus blancos y tintos desde el siglo XVI y es en esa fecha cuando empieza a producirse lo que denominan como vinos fortificados. Vinos de alta graduación, muy resistentes al transporte y a las altas temperaturas.
El vino de Oporto (vino do porto) es unos de estos fortificados a los que se les adicionaba brandy interrumpiendo el proceso de fermentación. A consecuencia de ello parte del azúcar que debía haberse convertido en alcohol, al no poder hacerlo, transfiere al vino ese sabor dulce que lo distingue del resto y por otro lado el hecho de agregar brandy de 77º eleva considerablemente la concentración de alcohol hasta alcanzar unos 25º en función de la variedad y calidad perseguida.
La historia de este vino viene íntimamente ligada a los ingleses porque son éstos quienes impulsan su producción al estar enfrentados con Francia (1678). Por estas fechas los vinos del Douro que no eran todavía muy valorados, cobraron importancia, casi a la fuerza, para paliar el rechazo de la producción gala. De esta forma paulatinamente el Oporto se abrió mercado y para el siglo XVII los británicos se hicieron con el monopolio sobre las bodegas situadas en la otra ribera del Douro, frente a Porto en Vilanova de Gaia.
La producción requiere de la selección de cinco variedades de uva: Tinta Roriz, Tinta Barroca, Touriga y Tinta Çao. El oporto blanco se obtiene de las uvas Malvasía Dourada, Malvasía Fina, Gouveio y Rabigato. La vendimia se da aproximadamente a finales de septiembre, cuando las uvas han alcanzado su madurez.
Los viñedos se extienden en terrazas a una altitud de 700 metros, suelos de pizarra y gozan de un clima excelente con aires del Atlántico.
El resultado son unos vinos excepcionales tanto tintos como blancos. En función del reposo en barrica se obtienen distintas calidades y por encima de todas destacan los internacionalmente conocidos “vintage”, elaborados únicamente con las mejores cosechas y la no despreciable espera de 30 años de crianza. Se podrían descorchar antes pero resultaría un verdadero crimen desperdiciar el potencial de esas excelentísimas cosechas y una buena crianza. De no ser así no podríamos hoy descorchar los sublimes portos de los años 60 y 70.
Categorías: Enología |
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