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Platos precocinados vs. Elaboración tradicional: reflejo de nuevos modelos familiares
por lucce | 10 Octubre 2006
¿Se han fijado en la cantidad de recetas precocinadas que llenan los estantes de los supermercados?, ¿se han dado cuenta de la cantidad de anuncios de televisión destinados a promocionar platos listos en tres minutos?
Imagino que sÃ, pero, de todas formas, les voy a aportar algunos datos más: según un informe realizado por la Fundación Cerdà , alrededor de 130.000 toneladas de platos preparados se generaron el año pasado en España. Este mismo estudio apunta además que entre los años 1996 y 2001 el consumo en toneladas de comida en platos preparados creció el 24,4% en nuestro paÃs, cifra que se prevé se pueda doblar en el transcurso de la próxima década.
Arroz en vasitos, ensaladas troceadas, pollo al microhondas… estas nuevas formas culinarias responden a una serie de perfiles sociológicos perfectamente identificables en nuestros dÃas: familias monoparentales, parejas jóvenes cuyos miembros trabajan ambos fuera de casa, jóvenes que viven solos y que van al super una vez al mes…, figuras que han ido sustituyendo a familias clásicas en las que generalmente la madre bajaba diariamente al ultramarinos del barrio para seleccionar los productos que posteriormente ella se encargará de ensamblar.
No pretendo con esta disertación posicionarme a favor en contra de uno de estos modelos. Cualquiera de los dos tiene sus cosas positivas y negativas: el primero y actual permite destinar más tiempo a otro tipo de actividades más ociosas, mientras que el segundo o más clásico aglutina esa sensación de lo tradicional y/o familiar.
Quizá lo ideal fuera buscar un equlibrio entre ambas o quizá ese equilibrio surja de forma connatural; por ello quizá los fines de semana mi barrio se llena de jóvenes parejas recién emancipadas que acuden a casa de la madre a degustar un cocido preparado en dos horas por sus abnegados progenitores frente a la pizza que tomaron el pasado miércoles preparada en tres minutos.
El problema puede surgir en el cambio de generación, en el que nuestros hijos e hijas acudan a nuestra casa para degustar unos canelones preparados momentos antes de su llegada a casa. O, precisamente por ello, puede que esas comidas familiares pasen a un segundo plano.
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