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Las Bravas del Tomás, en Sarriá, Barcelona

por lucce | 20 noviembre 2008

Ración de Patatas Bravas del Bar Tomás de Sarriá, Barcelona

El pasado fin de semana este que les escribe, junto a Ana y Kansei, acudió a Barcelona a presenciar en directo a una de las bandas musicales más especiales (y espaciales) que, hoy por hoy, se pueden encontrar en la escena internacional. Hablo de los islandeses Sigur Ros. El cuarteto estuvo actuando el jueves día 13 en la sala Sant Jordi Club.

Con todo, además de asistir a dicho acto, decidimos quedarnos unos días más para disfrutar de la Ciudad Condal, una urbe maravillosa de la que ya les he hablado en alguna ocasión más en este blog. Así, el lugar en el que nos ubicamos fue el pisito de una amiga de Ana y su novio residentes en el barrio de Sarriá. Casualmente ese fin de semana, esta chica (si lees esto, un besazo, Luisa!!) marchó a Madrid y su novio ante tal tesitura pues prefirió dejarnos su hogar a nuestra plena disposición (un abrazo, Borja!!)

Antes de que Luisa marchara nos habló un poco del barrio, de las formas en las que llegar más rápido desde él al centro de la ciudad y de algunos detalles más como, por ejemplo, del Tomás. El Tomás es una tasca de barrio de esas típicas, de toda la vida, que era famoso por una especialidad típicamente nuestra: las patatas bravas.

Ante tal recomendación y teniendo en cuenta que, efectivamente, el bar Tomás se hallaba muy cerca del piso, al día siguiente, viernes, nos acercamos para comprobar si era cierta la fama que este garito cargaba.

Para empezar hay que señalar que el bar en cuestión estaba abarrotado, fundamentalmente por cuadrillas de jóvenes, y que, en general, a cada uno de los integrantes de estos grupos le acompañaba un platito de patatas bravas, en todas y cada una de las mesas.

El local, en efecto, era vetusto, con tres o cuatro camareros vestidos como un profesional de este gremio debe vestir: pantalón negro, camisa blanca y, como mucho, un chaleco de punto. Junto a la barra se apilaban platos de patatas bravas prestos para salir a las mesas ante la constante demanda de los mismos. Me fijé que el aspecto de esta ración difería bastante a las habituales de nuestra tierra y que la pinta era estupenda.

Otro detalle sorprendente era un cuadro que coronaba la parte central del establecimiento. El cuadro reflejaba un artículo del Wall Street Journal en el que, al parecer, se hacía referencia a las bravas del Tomás. Con ese dato se iba confirmando que estábamos ante unas patatas muy especiales.

Por fin, se vacía una mesa a la que rápidamente accedemos y pedimos bebidas y una ración de bravas por barba, dado el pequeño tamaño de las mismas. Vemos que se presentan cortadas en gajos no muy gruesos, y que llevan una especie de mayonesa apilada en una pequeña superficie y que el resto está regado por una salsa picante de color rojizo que, imaginamos, será el secreto de la casa.

La primera a la boca y, lo que hasta el momento eran indicios, se torna en realidades: espectaculares. Con un punto justo de crujiente, un sabor entre picante y especiado delicioso (me recuerda un poco a las magníficas patatas del restaurante La Vega de Haro – del que otro día les hablaré-), y unos matices a través de los cuales se aprecia su prepareación artesanal: primero cocidas y luego fritas.

Creo que junto a las de la Mejillonera donostiarra son las mejores bravas que he probado nunca. Desde luego, si vais a Barcelona y queréis probar una tapa de bravas inolvidable, tenéis que acudir al barrio de Sarriá y preguntar por el Tomás. Creedme que no os arrepentiréis.

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