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La revolución de los ‘bichos’

por lucce | 7 Diciembre 2005

Caramelo con insectosPorque de revolución culinaria deberíamos empezar a hablar a tenor de los cada vez mayores consumos y mercados relacionados con los insectos o los gusanos utilizados para la cocina.

En los últimos cinco años, España se ha sumado a los distintos países del mundo que introducen en su mercado gastronómico una oferta “alternativa” en la que priman los sabores diferentes y, sobre todo, la novedad de encontrar en el plato un montón de antenas, patas y anillos. Cosas que, a priori, uno no se atrevería a degustar. No obstante, los restaurantes y tiendas que venden insectos para comer empiezan a ganar terreno en ciudades como Madrid y Barcelona, donde la curiosidad por lo distinto se ha transformado en negocio.

Y como toda revolución que se precie, ésta tiene sus defensores y sus detractores, personificados éstos en los tradicionalistas que tildan de asqueroso estos nuevos platos compuestos por orugas sin preguntarse por ejemplo de qué animal procede una salchicha. Se conforman con saber que es barata, se come y no sabe mal.

Vaya, creo que ya me he posicionado. Yo si soy de los que me acercaría (y espero hacerlo pronto) a probar un plato compuesto por escorpión o grillo, no por un postulado snob o aventurero, no, si no porque, al fin y al cabo, desde pequeño me enseñaron a probar y a comer de todo.

Al final, como en casi todos los ámbitos de la vida, las pautas gastronómicas no son más que el reflejo de la educación que recibimos.

Pero en fin, para los que sigan pensando que comer bichos raros es para los amantes del Nacional Geographic, igual les animamos diciendo que el aporte vitamínico y proteico de una hormiga es muy parecido al del pollo o que la FAO, rama centrada en la alimentación de la ONU, considera los gusanos, las larvas y los insectos como excelentes alternativas para combatir el hambre ante la ausencia de otros productos.

En fin, en muchos países estas especies forman parte de su dieta habitual. Territorios en los que, por otra parte también se llevarían las manos a la cabeza al comprobar que aquí se come vaca, por ejemplo. En definitiva, las culturas y la educación marcan qué comemos, pero no está de más dejarse arrastrar por tradiciones culinarias, a priori extravagantes, por el placer de degustar nuevos sabores.

Categorías: Curiosidades, Gastronomía |


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