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Degustando Crêpes en la Petite Bretagne de Logroño

por lucce | 20 Mayo 2008

Logo de la Crêperie Petite Bretagne de LogroñoEl sábado a la noche de nuestro fin de semana riojano arreciaban los chubascos y dicho tiempo, como podréis imaginar, no era el más apropiado para callejear por la Laurel. De esta forma, conversando con nuestros anfitriones (Julia y Rubén, un beso para los dos), barajamos varias opciones: peli de video club y pizzas o cena en algún garito de Logroño. Obviamente, Ana y yo nos decantamos por esta opción y la impusimos.

Ahora tocaba elegir el lugar. Pronto apareció a colación la crepería (así, en plan cañí) de Los Arcos. Julia y Rubén dijeron que se trataba de un lugar en el que se cenaba bastante bien pero, al mismo tiempo, mostraron cierto hastío porque ellos habían acudido en numerosas ocasiones a cenar a dicho establecimiento. A pesar de ello, nos decantamos por él y, la verdad, no estuvo mal para salir del apuro.

Ubicado en el número 6 de la calle Sagasta, el nombre de este restaurante es Crêperie Petite Bretagne y, evidentemente, su especialidad son los crêpes. Eso sí, para los que esta especialidad no sea de su agrado, en su carta cuentan con otras propuestas basadas en platos combinados y raciones.

Nosotros optamos, como no podía ser de otra manera, por las crêpes, como plato principal, una ensalada de acompañamiento y más crêpes para el postre.

Recuerdo que la ensalada se llamaba nipona y la condimentamos con una supuesta salsa de yogur realmente insulsa. Además, en mi humilde opinión, dicha ensalada estaba excesivamente condimentada con almendra, un sabor que anegaba el resto de ingredientes (lechuga, tomate, gambas…)

Afortunadamente, con los crêpes no hubo una opinión tan negativa. Granjera, completa, hamburgesa y mejicana fueron los elegidos. Carne, huevo, una estupenda bechamel, un delicioso queso, una salsa picante para la mejicana y, como denominador común, una masa muy bien hecha.

Respecto a los postres, nos decantamos por dos crêpes a compartir. El que elegimos Ana y yo (Kyton) fue una auténtica bomba: chocolate, plátano, nata, nuez y miel. Prácticamente no lo acabamos. Para mi gusto demasiado empalagoso y encima el plátano, además de estar cortado en rodajas excesivamente grandes, estaba muy maduro, cuando a mí esta fruta (y la mayoría, lo reconozco) me gusta verde. En todo caso, sé que este gusto no es el común entre la mayoría de los mortales.

En fin, después de que mis acompañantes fulminaran una botella de Lambrusco (odio los vinos espumosos, por cierto) echamos una sobremesa alrededor de unas copas en un bonito pub de la capital riojana: “El Viajero“. Buena música, buenos combinados y buen ambiente para reposar la ingesta de crêpes.

Lo dicho: Crêperie Petite Bretagne de Logroño, un restaurante perfecto para sustituir el tapeo de la Laurel en una noche de perros. Bien, pero tampoco como para tirar cohetes.

Categorías: Críticas, Restaurantes |


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