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Caviar del zar

por Loizaga | 27 Diciembre 2007

 imagen de una lata de caviar Hoy nos volvemos verdaderos snobs y hacemos partícipes del lujo a nuestros lectores, dedicando, cómo no, este degústalo al caviar.

Las huevas de esturión o más conocidas como caviar son un producto muy codiciado, especialmente en estas fechas, por cualquier gourmet que se precie.

Símbolo de estatus social, el caviar se consume desde hace muchos años a lo largo y ancho de todo el mundo.

Rusia e Irán son los grandes productores de caviar beluga, una variedad interesante, de buen tamaño, unos 4 mm. de diámetro, y un coste elevadísimo. Se extrae del beluga, del que toma nombre y es el más buscado de entre la especie por su calidad y amplia capacidad productora.

Durante generaciones los humildes pescadores del mar Caspio lo han preparado y consumido con patatas cocidas. Vemos que no siempre ha sido exclusividad de gourmets y gentes de alta sociedad. El caviar ha convivido entre las clases más pobres durante siglos, pero por la escasez, los deseos de control de la exportación y otros intereses, acabó finalmente en manos de los zares rusos y la aristocracia europea.

Actualmente se comercializan varios tipos de caviar, no hay que confundir los sucedáneos provenientes de otras especies, el auténtico caviar y el más sabroso es de esturión.

En primer lugar destaca por tamaño, calidad y precio el Beluga, mencionado anteriormente.

Osetra son huevas de menor tamaño, color amarillo dorado tirando a marrón, sabor afrutado y por todo ello resulta más económico.

Sevruga son huevas pequeñas de un color gris claro, es también algo cremoso y abundante, por lo que es de los más baratos.

Finalmente tenemos el caviar prensado, que viene a ser un “quiero y no puedo”. No presenta buena calidad, es de sabor fuerte, se presenta como una pasta en bloque compacto. Para este fín se recurre generalmente a huevas de menor calidad desechadas en el proceso de selección de los anteriormente citados.

El caviar en general es un producto delicado, se vende también fresco pero caduca en pocas horas, por lo que el salazón y el pasteurizado son métodos aceptados para su presentación.

A la hora de consumirlo, los cánones dicen que no se debe adulterar empleando las famosas y glamurosas cucharas de plata. Lo ideal son las de asta porque no interfieren en el paladar.

En cuanto al recipiente, lo más normal es que sea de cristal y cerca tenga abundante hielo para refrescar. Una última opción es la de consumirlo directamente de la lata y a cucharadas. También hay quien lo acompaña de mantequilla, pan blanco y crepes de alforfón.

De cualquier manera ustedes eligen, no es un producto de primera necesidad pero si desean matar el gusanillo existen en el mercado latitas minúsculas a un precio, entre comillas, más asequible, aunque la relación calidad precio sigue siendo inversamente proporcional.

Categorías: Gastronomía, Productos |


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