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Capas, espadas y vino
por lucce | 13 Enero 2006
A este paso tendremos que abrir una sección titulada ‘Personajes’ o ‘Biografías’. Si, porque conforme leo o busco información, me voy dando cuenta de la cantidad de personajes históricos que, en mayor o menor medida, han mantenido una apasionante relación con la gastronomía o con alguna de las disciplinas tratadas en este blog.
Así, si hace poco tratábamos ‘La cocina de un Genio’, recordando la precursora nouvelle couisine de Leonardo da Vinci, hoy le toca el turno a un espléndido novelista, a un escritor que nos ha hecho pasar grandes ratos con sus historias de capas y espadas. Hablamos de Alejandro Dumas.
Además de por su ingenio y capacidad de trabajo, Alejandro Dumas también es recordado por su glotonería. Pero no, no nos vamos a centrar en esta poco saludable característica del galo, si no en otra de sus pasiones: el vino.
Amante de la buena mesa y de las comidas copiosas, afirmaba que “el vino es la parte intelectual de las comidas. Las viandas sólo representan la parte material”.
Esta declaración de principios refleja hasta que punto Dumas valoraba cuidadosamente los vinos que bebía, los viñedos de donde procedían, las añadas y su capacidad de envejecimiento, etcétera.
Su amor por esta bebida llegó a potenciar su creatividad como cocinero, creando la Crema Báquica, receta en la que el creador de Los Tres Mosqueteros combina el siempre difícil maridaje entre vino y huevos, y que a continuación les exponemos:
Viértase en una cacerola un cuartillo de buen vino blanco, azúcar, corteza de limón y canela, y hágase hervir; rómpanse siete u ocho huevos para aprovechar las yemas, que se batirán con una cuchara de palo hasta que estén bien ligadas, mezclándolas con el vino, que se verterá poco a poco. Pásese luego por un tamiz y viértase en las jícaras para tomar el baño de maría (vía 1 2 3 La Cocina Sana… Es!)
Dumas, creador de personajes y personaje en sí mismo. Pese a su desmedida voracidad para con la comida y el vino, ninguno de ellos le llevó a la tumba, lugar en el que su cocinera pronunció un bello epitafio: “Tenía la manía de escribir libros, y eso es lo que le ha perdido”.
Información extraída del Diccionario
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