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Alergias

por lucce | 22 marzo 2006

Mujer alergica sonandose los mocos¡Qué bonita la primavera! El tiempo mejora, los días son más largos, hay otra luz, estamos con el puñetero kleenex a cuestas todo el día. Sí amigos, perdonen mi exabrupto, pero un alérgico como yo no es que se alegre especialmente con la llegada de esta estación.

Aunque eso sí, por otra parte, he de considerarme un tipo con suerte por tener alergia al polen y al polvo. ¿Por qué?, se preguntarán. Muy sencillo: afortunadamente ningún alimento me produce reacciones adversas (que yo sepa) y, por tanto, desde este punto de vista me puedo permitir el lujo de comer de todo.

De esta forma, a pesar de que se pueden dar reacciones alérgicas a cualquier alimento o componente del mismo, algunas se dan con mayor frecuencia que otras. Los alérgenos alimenticios más comunes son la leche de vaca, los huevos, la soja, el trigo, los crustáceos, las frutas, los cacahuetes y los frutos secos, como las nueces.

La verdad es que, en algunos casos, hablamos de un auténtico fastidio. Me estoy acordando del típico amigo que no puede comer esas nécoras por su alergia al marisco; me vienen a la cabeza mis sobrinillos, ambos con hipersensibilidad a los lácteos, lo que les impide poder probar cantidad de alimentos (ni siquiera se pueden arriesgar a comer determinadas golosinas); por no hablar de los celíacos o alérgicos al gluten y el desembolso que su dolencia provoca en sus bolsillos; rememoro el miedo que pasamos cuando a mi amiga Inma se le puso la cara como un balón tras ingerir un kiwi…

En fin, que mejor será no quejarme delante de todos ellos, porque mientras ellos y ellas se pierden grandes placeres, yo solo me tengo que limpiar los mocos.

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