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¡No más Orrrujo…!

por lucce | 26 Octubre 2007

Albergue de Triacastela

El otro día leí o escuché algo, ahora no recuerdo bien, acerca de una estadística de peregrinos que han hecho el Camino de Santiago durante este verano y me acordé de lo abandonado que tengo mi repaso gastronómico-xacobeo.

Si no recuerdo mal, la última parada en la que me quedé fue en la que coronábamos el precioso O’Cebreiro, lugar en el que degustamos el queso homónimo, una auténtica delicia de la que aún me relamo. Bueno, pues ha llegado el momento de continuar.

Hay que reconocer que, gastronómicamente hablando, la etapa O’Cebreiro - Triacastela no es memorable, pero sí lo son los increíbles paisajes de la zona (seguimos en la serranía lucense), como la subida al alto do Poio y el descenso hasta el citado albergue, sito en el pequeño pueblo mencionado.

Además de lo espectacular del entorno, en esta etapa, cogimos confianza con un peregrino brasileño, un joven veinteañero llamado Idmar, que estaba realizando la ruta solo. Bueno, realmente le conocimos en el durísimo ascenso a O’Cebreiro, pero donde se forjó la relación con él fue en este etapa en la que nos encontramos y, por supuesto, alrededor de una mesa a la hora de la comida.

Antes de esta (por ir incluyendo algunas referencias gastronómicas), Idmar nos fue “engatusando” con unas deliciosas moras y frambuesas silvestres que, curioso él, fue adquiriendo en algunos de los pazos que encontró por el camino. Hecho destacable este, por cierto, ya que durante las jornadas previas y las posteriores se puso de manifiesto las distintas formas con las que los habitantes de los pueblos enclavados en el Camino de Santiago tratan de hacer negocio a través de sus producciones alimenticias, pero este es otro tema.

Como decía, Idmar nos dió a probar unas frutas silvestres como nunca las había probado, deliciosas y frescas que calmaron nuestra creciente gusa antes de llegar a Triacastela.

Una vez allí, decidimos invitarle a comer. Nos decantamos por un pequeño bar con un menú del peregrino por 8,50 € en el que, la verdad, no es que brillara ningún plato de forma extraordinaria. Pero lo importante eran (éramos) los comensales. Entre bocados y vino la relación con el peregrino carioca fue tornándose entretenidísima.

Aitor, Raúl, Javi e Idmar

Ya en la sobremesa uno de mis amigos y yo nos decantamos por tomar unos orujos de la tierra. Idmar preguntó qué era eso del orujo y nosotros decidimos que lo averiguara él mismo tomándose un chupito.

Aún hoy es inolvidable la cara del amigo brasileño al llevar a sus labios el aguardiente. Parece que no le hizo mucha gracia el licor, pero se acabó uno blanco y otro de hierbas, no sé si por cortesía o porque nosotros le estuvimos chinchando para que así lo hiciera. El caso es que cuando le propusimos tomarnos otro, el bueno de Idmar exclamó, con un gracioso acento, la frase que encabeza esta entrada: ¡No más Orrrujo!, expresión que nos acompañó durante el resto de días y con la que hicimos muchas risas recirdándosela a su autor.

Inolvidable, con todo, esta jornada, no tanto por lo gastronómico, como por la amistad forjada en ella.

Fotografías: la de más arriba es una panorámica del albergue de Triacastela y el privilegiado entorno en que estaba enclavado.

La siguiente, son los peregrinos protagonistas de esta entrada. De izquierda a derecha: Aitor, Raúl (Kansei), Javi y el brasileño Idmar.

Categorías: Turismo gastronómico |


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Un Comentario en “¡No más Orrrujo…!”

  1. De Triacastella a Barbadelo para despedir el Año | Degustalo, gastronomia, vinos y delicatessen dice:
    31 Diciembre 2007 a las 17:09

    [...] La etapa de hoy era, en principio, Triacastella - Sarria. La iniciamos, como digo, entre una gran vegetación y a través de pequeñas aldeas, acompañados durante un rato por Idmar (el del Orrrrujo!!) Un gran espectáculo. Llegamos a nuestro destino previsto cerca de la una de la tarde, pero en cuanto llegamos al albergue de Sarria (uno de los pueblos más grandes por los que pasa el Camino de Santiago) vimos que se iba a hacer muy difícil conseguir una cama en el albergue de peregrinos por lo que decidimos comer algo en la propia villa y, tras la pitanza, proseguir nuestra marcha hasta el siguiente pueblo con albergue. [...]

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